CASTILLO DE PÌTTAMIGLIO

CASTILLO DE PÌTTAMIGLIO

domingo, 6 de mayo de 2007


ALICIA GOYENA, el coraje de educar


El Instituto José Batlle y Ordóñez (IBO) cumplió noventa años el mes pasado. Fundado el 17 de mayo de 1912 con el nombre de Universidad para Mujeres, fue el primer liceo femenino que tuvo nuestro país. Por sus aulas pasaron todas las mujeres que desde aquellos tiempos se atrevían a desafiar a los hombres de su época y, respaldadas por el entonces presidente Batlle y Ordóñez, abrieron el camino de la educación al sexo femenino. El IBO, que generó profunda resistencia masculina, creció de la mano de una mujer que le dedicó su vida: Alicia Goyena. La directora, que durante cuarenta años literalmente vivió dentro del instituto, es recordada con inmenso cariño y respeto en el marco de los festejos de este año.
La instalación de la Universidad de la Mujer, como se la llamó en sus comienzos, costó cinco mil pesos de la época y se mantenía con 25.980 pesos por año.
Eran unas pocas mujeres de las más diversas edades las que se atrevieron a ir al liceo por 1912. No había límites en la edad de ingreso y algunas valientes se acercaron solas y ya con hijos al sistema educativo, mientras otras concurrían enviadas por su padres, hijas de familias desafiantes de la sociedad de la época. Margarita Martínez, actual directora de la institución, recuerda que cuando ella concurrió al liceo "tenía en primer año una compañera de 56 años de edad. Eso era muy malo porque la gente no podía integrarse", pero en los comienzos de la educación femenina "permitió que las adultas actuaran como guías de las de menor edad".


ESTUDIANTES "ABERRANTES"


Un local ubicado en la esquina de Soriano y Convención sirvió como primer sitio de alojamiento al IBO, que pertenecía a la Universidad de la República. Las mujeres que allí concurrían eran muy resistidas por la sociedad de la época, lo que quedó documentado en los artículos del diario El Día, donde aparecían los testimonios de legisladores que llegaban a calificarlas como "una aberración".
Pese a formar parte de la Universidad, el instituto brindaba una educación equivalente a la del liceo, con clases adicionales de tejido, crochet y otras manualidades "apropiadas" para mujeres. Aunque algunas se animaban a asistir a la Universidad y aspiraban a recibir educación profesional, el IBO todavía no apuntaba tan alto.
Sobre la década del veinte el colegio fue trasladado a la entonces calle Agraciada, al edificio donde hoy funciona el Instituto de Profesores Artigas (IPA), y adoptó el nombre de Sección Femenina de Enseñanza Secundaria y Preparatoria. Martínez, que estudió en ese edificio, recuerda: "Tenía todas las comodidades, con espacios para hacer deportes y salones que nos permitían acomodarnos bien. En aquella época se lo conocía como 'El Femenino'. Recién con el paso de los años se le puso el nombre de Batlle y Ordóñez".
Allí concurrían mujeres y niñas de todos los estratos sociales y barrios de la ciudad, ya que en principio se trató del único lugar donde podían estudiar.
Fue en esta nueva sede donde aparece, primero como profesora y después como directora, Alicia Goyena. Martínez la recuerda como "parte de la institución. Quiso tanto al IBO que dejó su casa, en la calle Pablo de María, y se fue a vivir al instituto. Tenía un cuartito donde dormía y el resto del día lo pasaba trabajando"

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UNA VIDA PARA EL IBO


Goyena, una joven profesora por aquellos años, comenzó a dar clases de literatura e historia en el IBO en el año 1918. En 1944 no dudó en aceptar el ofrecimiento del gobierno y asumió la dirección del instituto con toda su energía. En los 58 años que le dedicó, entre sus tiempos de docencia y dirección, concibió la educación como "algo global. Agregó materias que antes no existían". Martínez dice que en aquella época "asistir al IBO no era simplemente ir al liceo. Era prepararse para la vida".
La dedicación y actividad de Goyena fue reconocida muchas veces, pero alcanzó quizá su punto culminante en 1962, cuando el instituto cumplió cincuenta años.
En aquella ocasión el festejo se realizó en el auditorio del Sodre, donde la directora fue aplaudida de pie por cientos de alumnas y profesores. "Alicia es la zarza ardiendo que se quema sin consumirse nunca", dijo en aquella ocasión la docente Laura de Arce. En la crónica del diario El Día, el periodista que cubrió el evento afirmó que Goyena era "el símbolo que Batlle hubiera buscado para el instituto".
Pero llegó el año 1972 con la dictadura, y la imposición irracional de quienes ostentaban el poder pudo más que toda lógica. En 1976 el IBO fue trasladado a su sede actual, en Camino Castro 711, a dos cuadras de Millán. El edificio de ladrillo, edificado originalmente para que allí funcionara Magisterio, no tuvo lugar para Alicia Goyena, y sus 58 años de vida dedicados al instituto no pesaron en la decisión de destituirla.


NECEDAD DICTATORIAL


El Consejo Nacional de Educación (Conae) de entonces desoyó a los integrantes del anterior consejo, que habían realizado una excepción con Goyena en atención a su trayectoria y le habían permitido seguir trabajando. El rector Edelmiro Mañe y los consejeros Pedro Montero López, Julio Soto, Mortimer Quijano y Mauricio Schurmann recibieron en su momento cientos de firmas reunidas por profesores y alumnas pidiendo el mantenimiento de la directora. En aquella instancia, el Conae reconoció que Goyena era "un verdadero ejemplo de dignidad humana y profesoral, del que se enorgullece la docencia del país. Estima este consejo que el petitorio elevado a su consideración hace propicia la oportunidad para reconocer que tan significativo magisterio --por obra de un genuino 'amor paedagogicus'-- ha trascendido a un singular homenaje de respeto y admiración unánimes que comparte, por todos aquellos, profesores, funcionarios, alumnos, ex alumnos y padres de alumnos vinculados a la casa de estudios que tan dignamente dirige la profesora Alicia Goyena".
Sin embargo, poco tiempo después este consejo fue suplantado por otros representantes del gobierno dictatorial, para quienes las súplicas de profesores y alumnos fueron un pedido inútil. Pese a estar en muy buen estado de salud física y mental, la directora fue declarada cesante debido a la edad.
Sola en su casa de Pablo de María, alejada del liceo y las alumnas que habían sido su vida, Alicia Goyena falleció el 6 de junio de 1977, seis meses después de su destitución. Legó su casa al Estado, que instauró allí la Cátedra Alicia Goyena y utiliza el recinto para brindar conferencias y realizar exposiciones.
En su nuevo edificio, el IBO se convirtió en un liceo mixto de aspecto moderno y algo empobrecido. Sin embargo sus alumnos, que juegan al fútbol entre los pastos altos de un parque desparejo, reconocen que su instituto está profundamente unido a los nombres de José Batlle y Ordóñez y Alicia Goyena, un hombre y una mujer que se atrevieron a romper esquemas y a soñar con una educación para todas las uruguayas.
Margarita Martínez, actual directora del IBO, atesora la historia de Alicia Goyena, prolijamente recopilada en recortes de diarios y revistas de su larga peripecia vital.

CASA DE LUSSICH

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VISTA LATERAL